La particular ley de bingos que se saltan la Ley Antitabaco

Lugares donde se incumple la Ley:
(Hostelería, Centros docentes, Hospitales, Administración, etc)

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La particular ley de bingos que se saltan la Ley Antitabaco

Notapor JC » 16 Mar 2017, 05:24

ColumnaCero

POLICÍA Y EMPLEADOS RECONOCEN QUE SE FUMA ADENTRO
La particular ley de los bingos que se saltan la Ley Antitabaco

Por ELISABETH G. IBORRA. 15/03/2017

Siete años después de la entrada en vigor del veto, las salas de juegos ya no se molestan ni en registrarse como clubes para fumadores.

Es difícil concebir cómo en ningún bar, discoteca o restaurante de España, y de toda Europa en general, se permite fumar y, sin embargo, en los bingos, que están cerrados a cal y canto, sin ventanas ni puertas ni terrazas que procuren cierta ventilación, existan espacios donde todo el mundo fuma tranquilamente mientras se toma un cubata o lo que surja sin temor a que le llamen la atención. En Zaragoza, “el Bingo Gran Goya, el Ebingo Sala Ciclista, el Bingo Roma y la Sala Zaragoza se puede fumar en una parte, en la otra, no; pero vamos, la diferencia entre la mesa de fumador y la de no fumador está a un metro”, describe la usuaria Ana Belén García, y corroboran varios clientes consultados más. En otras comunidades también ocurre, por ejemplo, en Madrid, Ana Pintos, asidua a varios bingos, confirma que “hay un apartado donde te levantas y fumas, está cerrado con cristales, sueles ver la sala de juego desde dentro y puedes estar jugando, porque hay televisor; pero no todas las salas lo tienen, en algunas es sólo una pequeña habitación”.

Todo esto es, simplemente, ilegal, a nivel nacional.

Como recuerda Luis Femia, abogado de la Asociación de Cafés y Bares de Zaragoza, “desde el punto de vista estrictamente jurídico, el cumplimiento del veto al tabaco es generalizado, y se extiende tanto a los bingos en particular y salas de juego en general (artículo 7. k de la Ley 28/2005, de 26 de diciembre, de medidas sanitarias frente al tabaquismo y reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco) como a los bares, restaurantes y demás establecimientos de restauración cerrados (art.7.u del mismo cuerpo normativo).

En primera persona

Pues bien, como bienvenida a la sala del Bingo Gran Goya, me encuentro con una máquina expendedora de tabaco. Entro a echar unos cartoncillos y me siento en un salón de no fumadores separado de otro donde todo el mundo inhala y exhala humo, únicamente se distinguen por unas meras vidrieras, ni siquiera tupidas, que no llegan al techo, ni tan sólo hay puertas. Puedo extender la mano y tocar a una pareja de jugadores fumadores, y todas las demás mesas tienen a sus clientes contentos, jugando su cartón con ese gesto de relax tan envidiado por los que vamos a los bares a disfrutar de un vino o un gin tonic y tenemos que salirnos a la calle a echarnos un par de caladas de placer para acompañar.

Ocurre por toda España

Desde luego, los presentes no parecen temer que los encargados les prohíban fumar por temor a que los inspectores aparezcan de extranjis una noche cualquiera para certificar lo que tantos estamos denunciando. Por eso Raquel Fdez. Megina, Presidenta de la Asociación Nofumadores.org, llama a la colaboración social: “Los ciudadanos también pueden avisar a la Policía cuando, estando en un bingo, comprueben que se está fumando y se permite hacerlo desde la gerencia”. De momento, aunque han recibido quejas de jugadores de Cádiz, Sevilla, Huelva y Madrid, en la asociación lamentan que “ni el número de denuncias ni su distribución permite hacer estudios estadísticos mínimamente fiables de cuántos bingos incumplen la normativa”, pero lo que tiene claro es que “los bingos se aprovechan de que su actividad no se ve desde la calle y que sus horarios suelen ser más intempestivos. Los bingos cometen una ilegalidad permitiendo fumar en sus locales”.

Por ese motivo puso una hoja de reclamaciones el treintañero G. M., que considera injusto que “en un bar normal no te dejen fumar y en los bingos, que ganan mucho dinero como negocio, sí se pueda”. Al acceder a jugar un cartón, se quedó muy sorprendido “por el descaro con el que todo el mundo fuma, sin tener en cuenta que puede molestar a personas como yo, que soy asmático”. Es que, “con todo descaro, ya ponen una señal en la conserjería donde te piden el DNI con una mascarilla, ¡como advirtiéndote que la vas a necesitar!”.

¿Agravio comparativo con respecto a los bares?

Servidora también puso la reclamación. Resistiéndome incólume a las dotes persuasivas de la jefa de sala para que no le hiciera “la jugarreta”, y llevé mi copia a Defensa del Consumidor, alegando que me revienta sobremanera que se pueda fumar en un lugar donde sólo puedo ir a jugarme los cuartos y no en los establecimientos gastronómicos donde voy a disfrutar del inmenso placer de la comida, la buena bebida y... del cigarrito con el café. Me parece un agravio comparativo. Sin embargo, para Luis Femia, como portavoz de la Asociación de Cafés y Bares, no cree “que se genere un agravio comparativo ni una competencia desleal. En primer lugar, porque considero que se trata de dos realidades diferentes, y en segundo lugar porque el tratamiento jurídico que se otorga a ambos es análogo”.

Los clubs de fumadores son una triquiñuela

Otra cuestión es que se usen triquiñuelas para zafar la legislación, como ocurre desde que entró en vigor la normativa, en 2010. Entonces la mayoría de los bingos optó por registrarse como Club de fumadores privado, y muchas normativas regionales, como la valenciana, lo permiten. A este respecto, un policía nacional de la Brigada de Juego asegura que “al declararse Club de fumadores, están obligados a hacer una especie de pecera totalmente cerrada con sistema de extractores de humo muy potentes. Los bingos hacen socios automáticamente a todos los jugadores y los fumadores tienen una llave o una clave para entrar, pero no pueden ser atendidos por el personal del bingo ni estar jugando a la vez”. De hecho, prosigue el agente, “la mayoría de las reclamaciones que atendemos son de gente que entra dentro y ve en el monitor que le toca el bingo, pero cuando sale corriendo a cantarlo, como las bolas van muy rápido, ya lo ha cantado a otra persona”.

El propio policía nacional reconoce que es “una especie de trampa a la ley”, algo en lo que profundiza la presidenta de Nofumadores.org: “Un Club de fumadores es una asociación y tiene que cumplir las leyes básicas que nacen de los derechos establecidos en la Constitución. Entender que bajo esta figura se pueden establecer espacios para favorecer determinados negocios sería corromper esta figura. En su previsión, la propia ley 28/2005 niega la posibilidad de realizar actividades económicas, ni tener afán de lucro, es decir, en las estancias de un club de fumadores no se puede comercializar ningún tipo de producto o vender ningún tipo de servicio, por tanto ni un bingo, ni un restaurante, ni un bar o cafetería puede registrase como un club de fumadores y seguir realizando su actividad comercial. El permitir fumar y el lucro son incompatibles por ley.” En la misma línea, el abogado Femia advierte que registrarse como club de fumadores “no constituye una carta blanca, pues este tipo de organizaciones plantean una serie de requisitos restrictivos de necesaria observancia para su constitución y/o mantenimiento”.

Pero hete aquí que, confiando en el olvido de esas restricciones, 7 años más tarde, muchos bingos ya dejan fumar sin disimulo. Ni pecera ni paripés: Colocan un par de mamparitas de cristal, como mucho, y confían en la tolerancia de los no fumadores, mientras que los bares se han visto forzados “a habilitar o idear nuevos espacios para el cliente real o potencial consumidor de tabaco”. Femia pone como ejemplo el siguiente dato: “Entre los años 2010 y 2011 (coincidiendo con la promulgación de la legislación en materia de tabaco) el número de terrazas que se instalaron en la ciudad de Zaragoza se incrementó en más de un 50%, tendencia que ha permanecido más o menos estable a pesar del incremento de la tasa de ocupación de la vía pública”.

Mas en los bares no te tientan en letras de neón ni en una pantalla gigante con viajes a Indochina, con la prima máxima de ese día, o con el premio tentador que te puedes ganar en una sola noche jugando al bingo con una cerveza y un vino a 2’30€, más tu ración de jamón y queso por 5€ (como si estuvieran exentos de impuestos), echándote un cigarrito. ¿Te vas a ir a un pub, donde te van a soplar 10€ por un cubata, en lugar sentarte en un bingo y ganar 20.000€? Es una tentación que también está prohibida, legalmente se considera una invitación a la ludopatía. No obstante, los bingos parecen situarse en una especie de limbo legal y no tienen el menor pudor en incitar a la ciudadanía. Viven de ello, de hecho; es incluso violenta la presión con la que te meten el cartón por los ojos sin darte tiempo a pensar si quieres jugar al próximo bingo o darte un respiro entre una partida y otra para no arruinarte.

¿La inspección “is missing”?

Cualquiera se preguntará dónde están los inspectores de Sanidad, porque a poco que aparecieran, se iban a encontrar con toda la humareda. Desde la Dirección General de Salud Pública de Zaragoza comunican que “se realizan periódicamente inspecciones a los bingos, del mismo modo que a otros locales, para comprobar el cumplimiento de la ley antitabaco. De 2011 a 2016 se han realizado concretamente en Zaragoza un total de 68 inspecciones, en las cuales se han encontrado 42 deficiencias. Estas han concluido en 23 propuestas de sanción que conllevan multas económicas que oscilan entre los 1.000 y los 11.000 euros. A partir de esta propuesta de sanción, se abre el procedimiento por el cual el establecimiento al que se le pone la sanción puede recurrir, etc”. Es de prever que ocurra la misma dilación en todas las autonomías.

Pero algo más falla, puesto que la Policía también pasa a garantizar la observancia de la Ley. La presidenta de Nofumadores.org sospecha que el problema puede ser que “la competencia es autonómica. No tenemos datos para decir que es generalizado, aunque sí que es suficientemente frecuente como para que las autoridades sanitarias tomen medidas especiales”. Y prosigue: “La inspección sanitaria tiene limitaciones que deberían ser cubiertas por la Policía, a la cual se le debería pedir que hicieran visitas aleatorias a estos establecimientos”.

Y ciertamente las hacen, el problema es que, en ciertos bingos, en palabras de una empleada, “cuando los inspectores van a entrar, que suelen hacerlo por el parking, en la sala suena un botón de alarma y nos ponemos todas a quitar los cigarrillos de en medio; a algunos clientes hasta se los hemos quitado de la boca”. Lo cual puede explicar lo que comentan en la Brigada de Juego de Valencia: “Cuando hacemos las inspecciones, cada mes y medio o dos meses, no les pillamos con las manos en la masa, pero cuando vamos en horario de bingo cerrado y tenemos que ir a hacer lecturas de contadores de las máquinas, vemos salir colillas detrás a mansalva, o sea que están fumando dentro”. Otro policía nacional de Zaragoza que también requiere permanecer en el anonimato ironiza: “Nosotros no sabemos si fuman. Mejor dejamos el tema, pero esto es un cortijo, y nosotros, mutis”.

Por cierto, como periodista, me puse en contacto con la CEJ (CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE ORGANIZACIONES DE EMPRESARIOS DEL JUEGO DEL BINGO), llamándoles por teléfono y enviándoles por mail una entrevista solicitándoles su versión y sus argumentos, sin recibir respuesta a la publicación de este reportaje.
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