Padres no perciben el riesgo de los cigarrillos electrónicos

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Padres no perciben el riesgo de los cigarrillos electrónicos

Notapor JC » 30 May 2017, 22:46

El País

Día mundial sin tabaco: Los padres no perciben el riesgo de los cigarrillos electrónicos
La falta de acuerdo científico sobre las consecuencias de 'vapear' hace que los progenitores sean incapaces de decibir sobre su uso

Beatriz Portinari
31 MAY 2017 - 09:52 CEST

El planteamiento parece sencillo: un cigarrillo electrónico es menos tóxico que uno tradicional. Pero no se sabe si es más o menos o igual de cancerígeno. Si se compara el humo del tabaco con el humo de los dispositivos, es un hecho objetivo que estos últimos contienen menos nicotina y alquitrán. Pero al mismo tiempo, los científicos advierten de la alta concentración de metales pesados (como el cromo, el plomo o el níquel) y sustancias cancerígenas (como la acroleína, formaldehído y acetaldehído) en los aerosoles del vapeo, según la Agencia Internacional Contra el Cáncer.

Es decir: el cigarrillo electrónico podrá tardar más o menos en provocar daños en el organismo, pero lo acabará haciendo. En el Día Mundial Sin Tabaco, que se celebra cada 31 de mayo, continúa el debate sobre si los e-cigarrillos son tan perjudiciales como para plantearse una restricción de su uso y sobre todo evitar que los adolescentes se inicien en su consumo.

De momento, la primera parte, que sería la concienciación en las familias no está funcionando. Según un reciente estudio publicado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, dos quintas partes de los adultos estadounidenses creen que la exposición de los niños a estos aerosoles de forma pasiva provoca “poco daño”, mientras que un tercio de la población desconocía si causaba “algún daño”. Pero no solo en Estados Unidos existe esta baja percepción del riesgo para la salud. En España otro estudio de 2015 publicado por el Instituto Catalán de Oncología (ICO) desvelaba que el 70% de los encuestados no consideraban peligroso el cigarrillo electrónico y lo veían útil para dejar de fumar.

Falta de acuerdo científico

“La Organización Mundial de la Salud pidió al ICO que realizara una revisión sistemática de lo que sabemos hasta ahora sobre emisiones de los cigarrillos electrónicos. Y el estudio todavía sigue en marcha, pero se pueden adelantar algunas conclusiones. Lo primero que habría que destacar es que estos dispositivos no expulsan “vapor de agua” inocuo, sino aerosoles con sustancias tóxicas y cancerígenas. Teniendo esto claro, para saber qué consecuencias provoca la exposición a estos aerosoles en la salud todavía no existen estudios suficientes, contrastados y fiables que determinen los daños”, advierte el doctor Francisco Camarelles, portavoz del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo.

Mientras una rama de la comunidad científica británica todavía confía en la posibilidad de rescatar los e-cigarros con fines terapéuticos si se controla exhaustivamente su composición y se evitan las sustancias tóxicas, el resto de Europa se muestra reticente y ni siquiera recomienda este dispositivo para dejar de fumar. La falta de acuerdo debida a la carencia de estudios concluyentes hace que los sistemas de vapeo sigan en un limbo científico.

“La recomendación que hacemos en España es la prudencia: si todavía no sabemos las enfermedades que provoca esa concentración de metales, lo mejor sería no fumar delante de los menores ni tampoco en el interior del hogar. La gente piensa que cuando se va el humo ya no hay peligro para el niño, pero no es así: las sustancias permanecen flotando y caen en la superficie, donde los más pequeños pueden pasar la mano y llevársela a la boca. Aparte de que el vapeo invita a fumar más, no ayuda a dejarlo, y no solo eso: corremos el riesgo de volver a normalizar el tabaco”, señala el doctor Camarelles.

Vapeo adolescente

Por si acaso, sin esperar más estudios y ante el alarmante aumento del consumo de e-cigarros entre adolescentes en Estados Unidos, la Agencia Federal de Control de Medicamentos y Alimentos, (FDA) ha dado importantes pasos para restringir este tipo de vapeo y desde 2016 controla de cerca la elaboración y el contenido de pipas, bolígrafos, vaporizadores y cualquier tipo de sistemas electrónicos de suministro de nicotina.

“Antes de esta normativa, esos productos podían ser vendidos sin ningún tipo de control de sus ingredientes, cómo fueron fabricados y su peligro potencial”, explica Mitch Zelle, director del Centro de Productos de Tabaco de la FDA. “Con la nueva ley estamos dando pasos para proteger a los estadounidenses de los peligros de estos productos, asegurándonos de que adviertan de sus riesgos para la salud y restringiendo la venta a menores”.

Precisamente, el aumento exponencial entre los jóvenes estadounidenses vapeadores es un motivo de preocupación para la comunidad científica. Entre 2011 y 2015, el uso del cigarrillo electrónico pasó del 0,6 al 5,3% entre los estudiantes de enseñanza Secundaria y del 1,5% al 16% entre los de Bachillerato. Esto significa que más de tres millones de alumnos estadounidenses se convirtieron en vapeadores habituales en 2015, de los cuales un 81% admitía que lo hacía por su agradable sabor.

Según ha declarado la Asociación Nacional del Cigarrillo Electrónico (ANCE) a Efeagro, en España solo vapearon 350.000 personas en 2016, un 0,7% de la población total de 46 millones de habitantes.

La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) coincide con la FDA en advertir del riesgo de los cigarrillos electrónicos como puerta de adicción al tabaco para los más jóvenes.

“Los adolescentes suponen un público objetivo que puede caer en el tabaquismo por empezar con el cigarrillo electrónico. Es un problema epidemiológico y de sensibilización. Además, existe el riesgo de que el uso de estos cigarrillos entre la población general normalice la conducta de fumar, algo que se había conseguido erradicar”, afirma Carlos Jiménez, neumólogo y director de investigación en tabaquismo de SEPAR.

En su opinión, el mayor peligro que implica la moda del vapeo es que se podría tardar entre cuatro y cinco décadas en descubrir las verdaderas consecuencias para salud de los cigarrillos electrónicos, como sucedió con el tabaco.
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